Italia fomenta el uso del pago con tarjeta

Durante años, Italia se ha considerado uno de los mercados europeos más dependientes del efectivo. En 2025, esa etiqueta ha dejado de ser exacta. Más del 60% de las transacciones al detalle se han hecho ya con tarjeta o con dispositivos electrónicos, y el país ha superado por primera vez la mitad del consumo pagado sin efectivo. La transición no ha sido lineal ni ha estado exenta de idas y vueltas normativas, pero las cifras confirman que la tendencia se ha consolidado.

Italia como mercado tradicionalmente dependiente del efectivo

Hasta bien entrada la década de 2010, Italia figuraba de forma sistemática entre los países europeos con menor penetración del pago electrónico. En 2019, antes de la pandemia, solo el 34% de las transacciones al detalle en el país se hacían con tarjeta o herramientas digitales, muy por debajo de la media europea. El resto se pagaba en efectivo, con implicaciones directas en la trazabilidad y en el volumen de la economía sumergida.

Ese peso del efectivo tenía dos causas complementarias. Por un lado, un fuerte tejido de pequeño comercio y hostelería que en muchos casos no aceptaba tarjeta, sobre todo para importes bajos. Por otro, una cultura de consumo en la que el efectivo transmitía una sensación de control sobre el gasto y de privacidad frente a la administración.

El Plan Italia Cashless y sus efectos

En diciembre de 2020, el gobierno italiano lanzó el Plan Italia Cashless, una medida de estímulo temporal diseñada para acelerar el uso de tarjetas y aplicaciones de pago. Los ciudadanos que hicieran al menos 50 pagos electrónicos en un semestre podían recibir hasta 150 euros de reembolso (10% del gasto), y los 100.000 usuarios con más operaciones accedían a un Súper Cashback adicional de 1.500 euros al año. Solo se contabilizaban las compras físicas en pequeño comercio y hostelería, con el objetivo de dinamizar los sectores más golpeados por la pandemia y, en paralelo, reducir la evasión fiscal.

La medida tuvo un impacto medible en la adopción. A mediados de 2021, más de 5,8 millones de italianos se habían dado de alta en la app oficial y el uso de tarjeta contactless creció con fuerza. El gobierno de Draghi suspendió el programa a mitad de 2021 y el de Meloni no lo reactivó, pero el hábito adquirido durante esos meses se mantuvo. Los datos posteriores muestran que la curva de adopción no volvió al nivel prepandemia.

Cuánto se paga con tarjeta en Italia

En 2025, las operaciones con tarjeta en Italia han alcanzado los 12.400 millones de transacciones, un 13,5% más que el año anterior, y el importe total ha subido a 506.300 millones de euros. Sumadas al resto de canales digitales (transferencias instantáneas, wallets, apps), las operaciones electrónicas totales rozan los 16.500 millones al año, según el Centro Studi de Unimpresa.

La cifra que mejor sintetiza el cambio es otra: el 62% del total de transacciones al detalle en Italia se ha hecho ya de forma cashless en 2025, prácticamente el doble que en 2019. Y el ticket medio digital ha bajado a 34 euros, señal de que el pago con tarjeta se ha extendido a compras pequeñas del día a día como bar, farmacia o quiosco, no solo a importes altos.

Los datos del Observatorio de Pagos Innovadores del Politecnico di Milano recogidos por Stripe confirman la magnitud del salto: los pagos electrónicos en Italia alcanzaron los 481.000 millones de euros en 2024 (el 43% del gasto de los consumidores), mientras que el pago contactless representó casi el 90% de las operaciones electrónicas en tiendas físicas ese mismo año.

Los factores que han acelerado el cambio

Varios elementos coinciden en explicar el salto de los últimos años.

El primero es la generalización del pago contactless y del móvil. Apple Pay, Google Pay y Samsung Pay han normalizado el pago con smartphone en cajas de supermercado, transporte urbano y hostelería. Servicios locales como Satispay o Bancomat Pay se han extendido en el pequeño comercio, y las tarjetas virtuales gratuitas sin cuenta bancaria que emiten entidades de dinero electrónico se pueden vincular a Apple Pay o Google Pay para pagar directamente con el móvil.

El segundo es la digitalización empujada por PSD2. La autenticación reforzada, el 3D Secure y las apps bancarias en el móvil han transformado la percepción de seguridad de los pagos con tarjeta. Según un estudio del Banco de Italia, la doble autenticación ha reducido el riesgo de fraude en tarjetas un 60% y en dinero electrónico un 80%.

El tercero es la presión regulatoria y fiscal. Italia mantiene el límite de pago en efectivo en 5.000 euros por operación desde 2023 y sigue vigente el sistema de Lotteria degli Scontrini, que sortea premios entre quienes pagan con medios electrónicos. Aunque no todos los incentivos se han mantenido en el tiempo, el marco favorable al pago cashless no se ha revertido.

Qué falta para converger con la media europea

Aunque el ritmo de crecimiento es alto, Italia sigue por detrás de la media de la Unión Europea en operaciones electrónicas por habitante y en la penetración de los pagos cashless sobre el PIB. Países como Suecia, Dinamarca o los Países Bajos operan casi por completo sin efectivo en sectores como la restauración o el pequeño comercio, mientras que en amplias zonas rurales italianas la tarjeta sigue siendo minoritaria.

Aun así, según el Observatorio Europa Cashless de SumUp, Italia ha sido uno de los cinco países europeos donde más han crecido los pagos electrónicos entre 2024 y 2025, junto con Bulgaria, España, Suecia y Luxemburgo. La convergencia dependerá de la penetración del POS en el pequeño comercio, todavía desigual por regiones, y del papel que jueguen las entidades de dinero electrónico y las tarjetas prepago con distintos métodos de recarga para cubrir el hueco al que la banca tradicional no siempre llega.

El caso italiano muestra que la transición al pago con tarjeta no depende solo de la tecnología disponible, sino de la combinación entre incentivos concretos, presión regulatoria y adopción del pequeño comercio. Italia ha recuperado en seis años una distancia que arrastraba desde hace décadas, y en 2025 ha entrado por primera vez en la mayoría cashless.

Preguntas frecuentes

¿Cuánto se paga con tarjeta en Italia?
En 2025, el 62% de las transacciones al detalle en Italia se hicieron con tarjeta o herramientas de pago electrónico, prácticamente el doble que en 2019. El volumen total de operaciones con tarjeta alcanzó los 12.400 millones, un 13,5% más que el año anterior.

¿Sigue existiendo el Plan Italia Cashless?
No. El Plan Italia Cashless estuvo activo entre diciembre de 2020 y junio de 2021, con reembolsos del 10% para quienes hicieran al menos 50 pagos electrónicos en un semestre. El gobierno de Draghi suspendió el programa y no ha sido reactivado. Sí sigue vigente la Lotteria degli Scontrini, un sorteo de premios entre consumidores que pagan con medios electrónicos.

¿Cuál es el límite de pago en efectivo en Italia?
El límite legal de pago en efectivo en Italia es de 5.000 euros por operación desde 2023. Superar ese umbral en una transacción entre particulares o con un comercio conlleva sanciones tanto para el pagador como para el receptor.

¿Puedo usar Bitsa como tarjeta prepago en Italia?
Sí. Bitsa está disponible para residentes en Italia, España, Portugal, Francia y otros países del Espacio Económico Europeo. Se puede solicitar sin cuenta bancaria, recibir una tarjeta virtual al instante tras la verificación de identidad y una tarjeta física por envío estándar o exprés.

¿Qué métodos de pago electrónico son más habituales en Italia?
Las tarjetas de débito y crédito bancarias siguen siendo la vía principal, seguidas por el pago contactless con smartphone (Apple Pay, Google Pay, Samsung Pay). Servicios locales como Satispay y Bancomat Pay son especialmente populares en el pequeño comercio y la hostelería. Los pagos con tarjeta prepago crecen entre usuarios sin cuenta bancaria y en compras online.

¿Por qué Italia ha sido tradicionalmente un mercado de efectivo?
Por una combinación de factores culturales (percepción del efectivo como forma de control y de privacidad), estructurales (peso del pequeño comercio y la hostelería sin POS) y regulatorios (durante décadas no hubo incentivos claros para el pago electrónico). La pandemia, la PSD2, el Plan Italia Cashless y la generalización del pago móvil han sido los principales aceleradores del cambio.